Por Evelyn León

15 de agosto de 2026

Una llamada de pocos minutos para preguntar si hicieron la tarea, una carta enviada desde una celda, una manualidad hecha a mano o una visita rodeada de desinfectante y rejas. Para muchas mujeres privadas de libertad en el Centro de Atención Institucional (CAI) Vilma Curling, en Costa Rica, la condena penal no borra el rol de madres, pero sí transforma radicalmente la forma de criar y cuidar.

A través de los testimonios de Tifanny, Stephanie y Hazel, se refleja la realidad de cientos de mujeres que luchan a diario por no perder el vínculo con sus hijos a pesar del encierro, la distancia y los obstáculos burocráticos.

Las historias detrás del encierro

Tifanny: Cuidar a través del teléfono

  • El contexto: Ingresó al centro penitenciario a los 21 años; su hijo tenía 5. Ante la ausencia del padre, su madre asumió la custodia del menor.
  • El vínculo: Mantuvo la rutina llamando a diario para verificar las tareas, la escuela y la salud del niño. Además, le enviaba cartas, dibujos y manualidades.
  • El desafío: Superar las tramas burocráticas —como requerir la firma de un padre ausente para autorizar las visitas— y el temor constante a que su hijo se acostumbrara a vivir sin ella.
  • El reencuentro: Tras salir en libertad, descubrió que su hijo conservaba todas las cartas colgadas en la pared de su cuarto. Hoy han reconstruido plenamente su convivencia.

Stephanie: El temor a perder el reconocimiento

  • El contexto: Sentenciada a los 25 años cuando su hija tenía solo un año. Su ingreso coincidió con las restricciones de la pandemia de COVID-19, pasando un año entero sin ver a la pequeña.
  • El vínculo: Ante la imposibilidad de que una bebé comprendiera las llamadas, su madre le mostraba fotografías de Stephanie constantemente para que no olvidara su rostro.
  • El desafío: Enfrentar la culpa de haberse perdido hitos fundamentales como los primeros pasos y las primeras palabras, además del proceso de reintegración tras salir de prisión.
  • El presente: Se encuentra estudiando para ser un ejemplo para su hija y trabaja en sanar el vínculo materno sin caer en la sobrecompensación.

Hazel: El sacrificio económico y la fortaleza emocional

  • El contexto: Ingresó a los 18 años con una hija de un año y posteriormente dio a luz a su segundo hijo en el módulo Materno Infantil.
  • El vínculo: Su hija la visitaba cada fin de semana. Hazel destinaba los ingresos de su beca de estudio, la venta de productos y el lavado de ropa dentro del centro para comprarle bienes a su pequeña.
  • El desafío: Manejar la carga psiquiátrica y el dolor de las despedidas semanales, optando por ocultarle a su hija la realidad del encierro haciéndole creer que la cárcel era su lugar de trabajo.

Maternidad a distancia: Un reto del sistema penitenciario

Las experiencias de Tifanny, Stephanie y Hazel exponen los vacíos y desafíos del sistema penitenciario respecto a las mujeres cuidadoras:

  • Pérdida de hitos del desarrollo: La separación temprana impacta de forma directa la etapa inicial de crianza.
  • Redes de apoyo familiares: En la mayoría de los casos, son las abuelas quienes asumen la carga del cuidado de los menores.
  • Impacto psicológico: La culpa, la ansiedad por el olvido y el dolor de las despedidas constantes marcan la permanencia de las madres en prisión.
  • Reconstrucción del vínculo: La reinserción social implica no solo buscar independencia económica o educativa, sino también aprender a ejercer la maternidad en libertad.

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